martes, 3 de abril de 2012

Una mancomunidad menos, una oportunidad más.

Las mancomunidades son puestas como ejemplo por algunos como mejor opción en contra de la fusión de ayuntamientos.
Acaban de liquidar la Mancomunidad de Municipios de A Coruña, una de tantas otras que se han ido deshaciendo con el tiempo. 
Deudas, impagos, desacuerdos, desencuentros, alcaldes de distintos partidos y las luchas por el poder han sido solo algunos de los síntomas que han acabado por degenerar en mancomunidades enfermas y finalmente desaparecidas.
Está demostrado, como lo suele hacer la experiencia, que no son una solución. Al contrario, son una fuente de problemas, de gastos y de mayor engorde de la administración. Suponen la creación de otro organismo más, con su consejo de dirección, su personal, alquileres, oficinas, sus trámites... en definitiva, el terror del ciudadano.
¿Queremos eso? Rotundamente NO.
Lo que quiere el ciudadano es una administración ágil y eficaz. Todo lo demás sobra.

¿Cuales pueden ser las soluciones? No creando más organismos, aprovechando las diputaciones al máximo, y con la fusión de los municipios inviables por si mismos. Poco a poco y de abajo arriba.

Las fusiones, de producirse, deben ser voluntarias, la administración autonómica debe apoyarlas y primarlas no forzarlas, evitando así problemas con alcaldes, concellos y ciudadanos.

Edito: Si, hay excepciones, y si, hay alguna mancomunidad que funciona.